Santa Fe es una ciudad de unos 200.000 habitantes que está a unos 500 kilómetros de Buenos Aires. Está situada entre dos grandes ríos: el salado y el Paraná, y está junto a una gran laguna, por lo que el suelo es un poco pantanoso y no pueden construir edificios muy alto. Así, que la mayoría de las casas son bajas, y las calles muy anchas, la mayoría de un solo sentido, por lo que recuerda un poco a los pueblos de Estados Unidos que salen en las películas. Ayer tocó visita turística y me recorrí parte del centro de la ciudad. Lo más bonito el convento de San Francisco, de estilo colonial. Fue la segunda iglesia que se construyó y todo el techo es de madera sin utilizar ningún clavo. Está lleno de santos y vírgenes, uno de ellos negro. En Santa Fe fue donde se firmó la Constitución argentina en 1853 (Constitución que todavía está en vigor), por lo que en el museo del monasterio hay una representación de esta firma con figuras de cera. La iglesia más antigua de Santa Fe es una que construyeron los jesuitas, que aquí estaban muy implantados. El fundador de la ciudad fue Juan de Garay, el que también fundó Buenos Aires. Después de esta pequeña reseña histórica os cuento lo mejor del día de ayer: me llevaron a un restaurante típico donde se come pescados de río en la Costanera, que es como si dijeramos el paseo marítimo pero de río. El restaurante se llama ‘El Chiquito’ (no de la calzada) y nos sacaron un montón de pescados que yo no había oído en mi vida. El plato fuerte fue la Boga, un pescado que a mí me sabía como a trucha, pero mas sabroso, aunque no me hagais mucho caso porque ya sabeis que yo soy más de chicha. Nos pusimos como el kilo y salimos a menos de 10 euros cada uno. Cuando vuelva a España me va a parecer todo carísimo.