Se nota que, además de estar en otro país estoy en otro hemisferio. Aunque parezca que por hablar el mismo idioma Argentina y España son países parecidos, nada que ver el uno con el otro. Para poder sobrevivir aquí hay que hacer un cursillo acelerado, porque si no puedes acabar perdido en el culo del mundo o arrollado por un coche que circula a toda pastilla. Lo primero: aquí las calles son todas iguales, o por lo menos lo parecen. La mayoría de las ciudades están construidas en cuadricula y el sistema que tienen para localizar una dirección es el de las cuadras. No es difícil, pero cuesta acostumbrarse. Ademäs; la mayoría de las calles son de un solo sentido y tienen varios carriles. Aquí el que tiene la prioridad es el coche y no respetan los pasos de cebra, por lo que hay que mirar bien que no venga ningún coche y cruzar, porque ninguno para en los pasos de cebra. Ya me han tenido que sujetar varias veces al ir decidido a cruzar por un paso de cebra, porque los coches no paran!!!! Ah! Y no hay ningún ceda el paso, así que siempre tienen la preferencia el que circula por la derecha. Y luego está el idioma. Creo que me entendería mejor en francés. Hay conversaciones en las que no me entero de nada, y ellos tampoco me entienden a mí. De momento he dejado de ‘coger’ cosas (verbo que lo utilizo para todo), ahora ‘tomo’ el autobús y ‘agarro’ una taza, porque era el pitorreo padre. Luego están los besos. Creo que con todas las personas que he tenido que besar ya me he acostumbrado a dar solo un beso, porque aquí se besan por todo y a todas horas. Y bueno, luego está lo de tomar mate, que aquí lo toman a todas horas, y como te ofrezcan y no quieras es como que les haces un feo. Pero bueno, esto del ritual del mate ya os lo contaré en otro rato que tiene tela, je,je,je. De momento creo que prueba superada. Esta noche salimos de fiesta. A ver si la marcha no es muy diferente a la española.